De productividad, motivación y tips para no dejar nuestras ideas a medio gas.


Herramientas personales para fomentar la productividad.

Cada día, un maravilloso instrumento encerrado en el cofre de hueso de nuestras cabezas se enciende, haciendo que mil ideas broten y que empecemos a funcionar. Nuestro cerebro va a toda velocidad y de manera continua genera ideas, a veces absurdas, a veces brillantes. Todo el mundo en mayor o menor medida tiene la capacidad de jugar con la creatividad, pero aceptémoslo, somos imperfectos y finitos.

Muchas veces, la fuerza de la costumbre, la desidia o la inseguridad, por poner algunos ejemplos, nos hacen quedarnos estancados en un estado en el que no existe un flujo correcto de pensamientos que se nos antoja insalvable, lo que lleva a un parón en nuestras acciones, a un estado de no acción  generalizada, un efecto bola de nieve en el que nos volvemos vagos e improductivos. O dicho en otras palabras, cuánto menos hago, menos quiero hacer.



Como de sobra sé que nos soy la única a la que esto le ha ocurrido, os ofrezco una serie de reflexiones y consejos para que, aunque cueste, saquemos nuestros cuerpos y cerebros de la falta de actividad y seamos capaces de llevar adelante nuestras acciones de la mejor manera:


  Voluntad y constancia

Al principio todo es bueno. Nos levantamos sonriendo, de buen humor, con ganas de empezar, con la mente en ebullición. Eso está muy bien. Y conforme pasan los días nos dejamos ir. Desgraciadamente, no es infrecuente que un proyecto no cuaje por falta de dedicación y voluntad. Si estás solo o sola en ello, cuidado, no dejes que la falta de respuestas o apoyo hagan mella en ti. Esto es como una carrera de fondo y por tanto no hay que sprintar todo el tiempo. Trabajar de manera constante, manteniendo una disciplina y una rutina que sirva de eje al trabajo, es la manera más segura de no cansarse y de abandonar antes de tiempo.




  Planificación

Un buen plan de acción para desarrollar nuestra idea es igual que unos sólidos cimientos para una construcción. Pormenorizar cuanto pueda pasar y prever los posibles problemas y giros que las situaciones puedan dar, hará que estemos preparados ante lo inesperado y que nos dé tiempo de preparar un abanico de soluciones y actos para solventarlas.


Y por supuesto, como es de esperar, un plan no suele ser maestro desde el principio. Habrá que corregirlo y volver sobre él tantas veces como sea necesario hasta que logremos que todo cuadre. Permítete fallar en este sentido. Por otra parte, hay que contar con el tiempo, que como tantos, es un recurso escaso en muchas ocasiones.

  Plazos

Es importante saber cuándo empieza una cosa, pero también cuándo acaba. Proponernos plazos realizables y posibles nos mantiene activos. El tener una fecha límite nos hace trabajar con estrés “del bueno” y ver que cumplimos con ello es un empujoncito para continuar motivados y avanzando en el camino. Al igual que la planificación, los plazos son susceptibles de cambios, pero el postergar las cosas demasiado tiempo hace perder la perspectiva y comenzamos a procrastinar. La procrastinación es la enemiga con mayúsculas; evitarla es vital. Y ojo, que no hablo de hacer un alto para refrescar ideas y/o evitar el quedarnos estancados con algo, hablo de dejar aparcada una cosa para ponernos a hacer otras veinte que consideramos más importantes en ese momento. Prioricemos y ganaremos.

  Productos

El fin de llevar a cabo nuestra idea es obtener beneficios, ya sea tanto en el plano profesional como en el personal. Ver nuestros sueños materializados es importante y, al igual que con los plazos cumplidos, nos hará mantenernos motivados. Y también como dije antes, todo es mejorable, así que no debemos obsesionarnos si a la primera no conseguimos llegar a la perfección; todo llegará. Practice makes perfect.

  Tolerancia a la frustración

En todo momento debemos ser conscientes de que, como seres humanos, nuestras capacidades son limitadas. Sí, está muy bien aquello de ser ingeniosos y que nuestras iniciativas funcionen, pero si pese a todo el empeño que le ponemos en sacar algo adelante, esto no llega a prosperar, no lo debemos ver como un fracaso. Fracaso sería ni tan siquiera haberlo intentado o quedarnos a medio gas.
Saber lidiar con la frustración es algo importante. Diría más, creo que es algo fundamental.
En nuestra cultura, el fracaso está mal visto. Aquí no basta con intentarlo; el intento parece que no cuenta. Aquí medimos la valía de las personas o las ideas según su tasa de éxito, y personalmente, no puedo estar más en desacuerdo. El éxito es como la felicidad, que no hay que verla como un fin, sino como un proceso, y en este proceso nadie nos regalará nada y lo más probable es que tropecemos y caigamos, y no una, sino varias veces. Así que no hay que desear que las cosas no salgan mal para no frustrarnos. La frustración existe y debemos asimilarlo; lo más inteligente es no quedarse anclado en ella y aprender a sobreponerse cuanto antes. Siempre hay rayos de esperanza hasta en la más completa oscuridad, solo hay que saber verlos.



Esto no acaba aquí, hay muchísimos más elementos a tener en cuenta en lo que a potenciar nuestras habilidades se refiere. Pero con este puñado de ideas os dejo trabajando, no sin antes compartir mi cita favorita sobre la motivación; así que como dijo A.A Milne:


“Promise me you'll always remember: You're braver than you believe, and stronger than you seem, and smarter than you think”

(Prométeme que siempre recordarás: Tú eres más valiente de lo que crees, y más fuerte de lo que pareces, y más listo de lo que piensas.)





Psicóloga




Imágenes: 
https://gratisography.com
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